Este mes ha sido un mes de locos, ¿estamos de acuerdo? No sé a vosotras, pero a mí los inicios de curso me ponen la vida patas arriba. Y ojo, que no me quejo, pero este septiembre ha sido especialmente loco, quizá por la confluencia de:

  • Tener un bebé de ocho meses que está aprendiendo a practicar la a y del que, por su insistencia y nivel de compromiso, ya podemos anticipar va a ser tan obsesivo en la consecución de sus objetivos como lo es su madre (y puestos a decir verdad, también su padre). Somos familia de intensitos.
  • Haber lanzado The Gender Psychologist (por cierto, gracias por el super generosísimo feedback que me estáis enviando y por haber sido tantas las que ya lo seguís).
  • Estar en medio de un proceso completo de cambio de web, de branding. A los que no os dediquéis a este tipo de cosas: Ni imagináis el trabajo que hay detrás de cada cosa, pero qué emoción, ¿sabéis?
  • Andar corrigiendo y maquetando algo de lo que os podré hablar con suerte muy pronto (¡ganas!).

El caso: muy loco. Santiaguito ha comenzado la guarde y cada semana probamos con un virus nuevo, y esto de trabajar sin dormir, corregir sin dormir, grabar sin dormir y escribir sin dormir es tan divertido como una podría imaginarse. Suerte que me encanta lo que hago y con eso me da para no tirarme por un puente. Aunque hay días que hasta a eso llego justa, no os miento.

Pero a lo que vamos.

Hoy, como cada 15 de cada mes, abrimos las puertas de El Consultorio para contestar una de vuestras preguntas.

Cotarela entró en El Consultorio a plantear la siguiente cuestión:

«¿Cómo emprender para expandirse
con dirección y con corazón?»

A mí la pregunta de Cotarela me toca la fibra sensible por muchos motivos, quizá por el momento actual en el que me encuentro, diseñando (trato que con corazón y dirección) lo que os ofreceré una vez vuelva de la baja en unos meses y pueda trabajar de nuevo con vosotras; pero que me la toque a mí no es en algún modo relevante.

Creí que sería una historia potencialmente interesante para todas porque sé bien de quienes compartís conmigo este espacio. Conozco el hecho de que no todas sois empresarias o emprendedoras, pero sí que coincidís en algo fundamental: todas estáis comprometidas con vuestro desarrollo y vuestro paso por el mundo. Y lo sé no porque tenga poderes especiales (que los tengo), sino que por qué otro motivo habríais de seguir a alguien que habla de psicología (vuestro desarrollo) y feminismo (vuestro paso por el mundo). También el binarismo corazón y dirección nos encaja bien en esta estructura.

Por eso, seas autónoma o no, esta actitud de emprendimiento, que el emprendimiento es muchas cosas pero sobre todo es actitud, es una necesidad de las muchas que nos requiere el mundo actual. Y no hablo de ponernos en situación de autoexplotación, que también nos da para un buen debate sobre estos nuevos sistemas de hiperproductividad y la sociedad del salvaje capitalismo moderno, hablo de la mentalidad del crecimiento de la que tanto oímos hablar, de transitar el camino del desarrollo de manera consciente.

Hace unos días escuché la expresión intraemprendimiento justo para referirnos a este hecho: profesionales que, trabajando por cuenta ajena, viven la vida y su trabajo con disposición de autiliderazgo, con verdadera capacidad de autogestión e intencionalidad.

La palabra expansión ha resonado al leerte con mucha fuerza y te diré por qué. Imaginamos la identidad como una efigie nítida de bordes definidos: Pintad en los ojos de la mente una figura. El concepto de expansión nos permite desdibujar estos límites, probarnos otras pieles y aumentar la posibilidad de la posibilidad: lo que eres y lo que puedes ser. Vivir la vida en actitud de expansión es vivirla con la ilusión del ¿y si?, con mentalidad de crecimiento, con la firme idea de que se pueden conseguir cosas si te lo propones: si tienes un buen plan, la dosis justa de paciencia y tesón y, por qué no, también un poco de suerte.

Pero tu pregunta era clara. María, ¿cómo?

«¿Cómo emprender para expandirse
con dirección y con corazón?»

Con corazón:

  • Escuchando tu voz interior. Esto parece, como dice mi colega Marina de Psicosupervivencia, psicología de mercadillo. Pero va, es en serio. Cuando una emprende se da cuenta rápidamente que cuando no escucha la vocecilla que le dice por aquí y no por allí, rápidamente empiezan los problemas.
  • Trabajando el autoconocimiento. En Feminismo terapéutico (Ed. Urano, 2018) tiro constantemente de una especie de mantra: Si no sabes quién eres, no sabes qué hacer. Y la expresión trabajando créeme que no ha sido fortuita. Hay que indagar, pararse bien a entender nuestra historia, por qué queremos lo que queremos, qué nos hace únicas y diferentes de las propuestas del resto.
  • Poniendo tus valores en el centro de la ecuación y no negociando. No comprometas en aquello que no te hace sentir bien. Las emociones suelen ser buena guía.

Con dirección:

  • Necesitas estrategia y para eso una debe construir desde el futuro y no al revés. ¿Dónde quieres verte en un año, en cinco, en diez? Una vez trazada la línea, habrás de identificar los pasos que te pueden llevar hasta allí.
  • Identifica qué constituye para ti un día ideal, es el mejor secreto para entender el trabajo que te hará feliz y que te encajará como un guante. A menudo nos dejamos cegar por las luces. Te pongo un ejemplo: Yo, que soy introvertida, me cargo muchísimo con las conferencias, las formaciones, los eventos, pero sé que son necesarios y los disfruto considerablemente. Construir todo mi perfil alrededor de la formación no sería en ese caso inteligente: necesito balancear la vida pública con la privada con aquellas actividades que me renuevan las energías. Dale vueltas a esto.
  • Las revisiones deben ser parte cardinal de tu trabajo. Vas a perder la dirección de tanto en tanto y eso está bien.
  • Procura planear tu emprendimiento de manera paralela a tus planes personales. No los separes o acabarás encontrándote con un conflicto de objetivos en algún momento que te impedirá avanzar en un sentido o en otro.
  • Pide ayuda cuando te pierdas, cuando te atores, cuando te angusties: puede ser en forma de MasterMind, en forma de mentora, de Coach, de amiga intergalática o de libro especializado en la materia. Pero la ayuda es fundamental.

Y aquí vamos a ir cerrando. Cotarela, te deseo toda la suerte del mundo en tu proyecto. No dejes de contarnos cuando lo pongas en pie para que podamos echarte una mano difundiendo.

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