La escaleta no es más que una lista, ¿pero una lista de qué?

Hoy os traigo una entrada que pienso os será muy útil: está especialmente dedicada para todos aquellos que tienen una idea, una buena idea en la cabeza pero algo los sigue frenando a la hora de desarrollarla sobre el papel. Ya os lo avanzo, lo que os falta es justo esto: la escaleta.

¿Pero y qué es la escaleta?, os preguntaréis, pues yo os lo digo: la escaleta no es más que una lista —eso ya os lo adelanté— de las escenas que componen un libro. En el caso de una novela podemos hablar de un listado de escenas o de un listado de capítulos, pero nada cambia de una a otra.

La escaleta no es más que una lista, un guion de las escenas que componen un libro.

Imaginaos la escaleta como el esqueleto de un cuerpo, o mejor, como un árbol de ramas desnudas. Sobre ella tendremos que ir construyendo piel, flores, los elementos vivos. He querido compartir con vosotros la escaleta de los primeros capítulos de mi novela Azul Capitana para que podáis haceros una idea clara de lo que hablamos:

Escaleta de Azul Capitana:

  1. Alejandra llega a la puerta del Hospital y está con sus padres. Se ven los alrededores del Roble Viejo. Se mezcla presente con retazos de su pasado. Escena de alta tensión emocional. Intriga. La ingresan.
  2. Conocemos a su compañera de habitación Sabrina Summers y a la enfermera Kristine. Ve de lejos por primera vez a Vincent. Descripción del interior del centro.
  3. Alejandra va a ventanilla a pedir sus pertenencias y se muestra que siempre lleva con ella algo, una pulsera. Se enseña el Roble Viejo. Conoce a Matilde y cruza la primera palabra con Vincent. Sócrates: dice al principio que conoció a Obama. Ella piensa que está loquísimo. Que todos están loquísimos.
  4. Alejandra tiene su primer sueño. Alejandra y Vincent primer capítulo juntos: los une el tabaco. Paseo por los alrededores del pabellón con él y el resto. Cuando vuelven, los padres están allí. A la vuelta del almuerzo, Sócrates ve la tele con los compañeros: «Capitana, vente a ver con nosotros la tele.» Sócrates entra y sale de la conversación. La habitación huele rara. Es miércoles.

Tras este cuarto capítulo de Azul Capitana comienzan los puntos de inflexión de la historia, así que no querría desvelaros más. Pero creo que os sirve para formar una idea medianamente nítida de a qué nos referimos cuando hablamos de escaleta. Sobra decir que la escaleta es algo muy personal: esta es la que yo usé para este libro  en particular, no quiere decir que lo vaya a hacer siempre así, o que no haya otras maneras de hacerlo. Os ofrezco mi experiencia, eso es todo lo que tengo.

Y justo partiendo de mi experiencia, quiero compartir una serie de recomendaciones generales sobre aquello que considero debemos tener en cuenta en la creación de nuestra escaleta. A saber:

La decisión del número de capítulos:

Es aquí, mientras construimos nuestra escaleta, cuando decidiremos de cuántos capítulos o escenas constará nuestra novela. Por aquí debemos empezar, puesto que no será hasta que sepamos esto que podremos calcular el ritmo de la historia. Y piénsalo, el ritmo de la historia condiciona todo: el tipo de personalidad de los personajes, las descripciones, el número de subtramas, el lenguaje que usamos, incluso la voz que elegimos para contar la historia. Este sí que es el esqueleto propiamente dicho.

Los personajes que intervienen en cada escena:

Fundamental. Las presentaciones de cada personaje nuevo en cada escena, para asegurarnos de hacerlo de manera ordenada y lógica, modulando la tensión y guardando las perlas importantes para los capítulos adecuados. Quién entra, quién sale. Quién permanece.

La línea temporal de vuestra novela:

Aquellos que escribís seguro que ya sabéis lo sencillo que es cometer fallos en esto. Si lo planeamos bien al principio, minimizamos las oportunidades de cometer errores y dar saltos imposibles en el tiempo (y volver loco al editor, de paso). El capítulo dos es un martes, el seis es un jueves y en el diez damos un salto de dos años al futuro. En el doce hay un flashback, cinco años atrás. Cuánto más compleja sea vuestra historia en este sentido, más seguros debéis estar de haberlo puesto todo en la escaleta. Creédme, arreglar estas cosas una vez acabada la historia es una auténtica pesadilla.

Avances en la trama y subtramas:

Cuando diseñamos una novela planteamos la necesidad de una trama que dirigirá el grueso de la historia y también de pequeñas subtramas, que vendrán a enriquecer aquello que contamos. La escaleta es muy útil para planear los avances en ambas; mientras la trama principal estará presente en todos o casi todos los capítulos bien de manera explícita o latente, podremos usar capítulos separados para escenificar los avances en las subtramas.

Por ejemplo, si miráis mi escaleta, en el capítulo 4 se dice: «la habitación huele rara», lo que supone introducir una semilla de toda una subtrama en la historia. Si queréis saber de qué, vais a tener que leerla 🙂

Presentaciones de las localizaciones en la historia:

La localización en un libro cuenta tanto como lo hacen los personajes. La localización se empapa del color general del libro y a la vez imprime el propio: es fundamental para la idea mental que el lector se hace del cuadro completo. El arte de introducir las explicaciones en los momentos idóneos puede ser facilitado por el uso de la escaleta.

Puntos de inflexión:

La escaleta funciona como una línea temporal en la que poder tachar con cruces, como haríamos en un mapa, los momentos en los que algo cambiará el rumbo del protagonista. Esto es crucial para mantener un ritmo que funcione, para no alargar los valles ni juntar en exceso los puntos de tensión máxima.

La extensión de cada capítulo y del libro completo:

Suelo tomar esta decisión una vez escrita la escaleta. Observo lo que ocurre en cada capítulo y trato de tomarle la temperatura a cada momento, para decidir el ritmo al que quiero que ocurra todo. Algunos capítulos necesitan decir mucho en muy poco, otros capítulos al revés.


Si no existe la organización, las ideas, después del primer momento de impulso, van perdiendo eficacia. Ernesto Ché Guevara.


Antes de acabar, quería añadir tres puntos:

1. La escaleta es un elemento orgánico:

En el caso de Azul Capitana, la escribí cuatro veces de inicio a fin. Dos veces al empezar, y otras dos con la mitad del libro ya escrito. Además, incluí infinitos cambios justo antes de comenzar cada nuevo capítulo, así que contad con ello. Es lógico, la historia está viva y es ella la que nos trae nuevas ideas para incorporar, antiguas subtramas para descartar. Pero nos seguirá sirviendo de mapa de ruta.

2. La escaleta es la herramienta perfecta para planificar:

Sin escaleta, es sencillo eternizarnos en la escritura de un libro. Una vez está todo dividido por capítulos, es más sencillo trasladarlo a la agenda. Y no olvidemos que la escritura es un oficio, no todo depende de la inspiración.

3. Cada maestrillo tiene su librillo:

Hay muchos autores que no usan escaletas, o que usan escaletas muy diferentes. J.K. Rowling cuenta que sintió todos sus libros de Harry Potter, de principio a fin, llegarle en forma de corazonada mientras viajaba en un tren. Isabel Allende jura comenzar nueva novela cada 8 de enero sin saber qué escribirá el día después.

Así que confía en tu instinto, haz las cosas como mejor funcionen para ti, no sigas mis consejos, no sigas los consejos de nadie.

Prueba, equivócate, repite, disfruta el caos del proceso.

Y si el caos te abruma un poco, haz uso de una buena escaleta.

Con amor,

MF

 

Deja un comentario

Comentarios (0)