Elegir el género a escribir. Muchos de vosotros, muchos de nosotros, queremos escribir un libro. Algunos lo hacemos. Algunos escribimos incluso dos y, a veces, tres, pero la pregunta sobre el género a escribir llega temprano en la carrera del escritor. Antes de que te des cuenta alguien te hace plantearte la dichosa respuesta: «Y tú, ¿qué género escribes?»

Qué género escribir

Uno escribe lo que lee, de eso no hay duda. Uno está lleno de aquello de lo que bebe cada día, no hay otra forma de generar historias que la de abrir los ojos y estar dispuesto a dejarse empapar por aquello que nos rodea. De ahí el género, de ahí el estilo, el gusto por una cosa y no por otra.

Cuando comencé a escribir mi primera historia, llevaba dos años leyendo exclusivamente en inglés. Por aquella época, la literatura que leía era inevitablemente diferente a la que leo ahora —ahora que mi inglés es mejor, y ahora que vuelvo a leer también en mi primera lengua—, y aquello impactó en la decisión de qué libro quería escribir en aquel momento. Mi primera novela, Un nudo tras otro, pertenece al género romántico, y encajaba a la perfección con el tipo de lecturas que yo estaba haciendo aquellos tiempos.

Pero luego cambié, como cambian inevitablemente las personas con el tiempo y las experiencias. Y de ahí nació Azul Capitana, que lejos está de aquel género, para acercarse más a la ficción psicológica. Tras Azul Capitana tuve que levar anclas y tomarme un respiro. Qué escritora soy, qué quiero escribir, qué se espera de mí, qué puedo yo ofrecer. ¿Escribo romántica, escribo ficción psicológica? Y de ahí nació la tercera novela, a la que aún le quedan unos buenos meses de horno. Y adivinad qué: mi tercera novela cambia otra vez de género, no es romántica ni es ficción psicológica.

Mi marido, que se dedica al marketing, os dirá que esto es una técnica terrible. —Hay artículos muy interesantes al respecto, como este: aquí—. Y probablemente lleve razón, lo es, como estrategia es malísima. Pero uno debe escribir lo que le sale, uno debe escribir lo que respira, y si lo que respiras toda tu vida es novela romántica no debes pensártelo: es justo eso de lo que deberías estar escribiendo. Y es que al final lo que importa no es qué género escribir, lo que importa es qué semilla de las que van cayendo en la tierra te inspira, cuál de ellas querrías ver crecer, cuál te enamora lo suficiente como para pasar un año, dos, con ella en la cabeza, dejándola germinar día a día hasta crecer como un árbol.

No quiere decir que mis novelas no tengan nada en común. Todos los escritores tenemos temas que, de una u otra manera, se convierten en obsesivos. El mío son las mujeres, el encuentro con una misma, el crecimiento. Y eso encaja en muchos tipos de géneros.

Piénsalo: uno puede escribir toda la vida de los mismos temas sin repetir el género. O por el contrario, puede uno escribir mil historias diferentes siempre en el marco de un mismo género. Sea como sea, dejadme que os pida algo: por favor, no repitáis el mismo esquema, no escribáis el mismo libro cien veces solo porque la fórmula funciona. Eso no es literatura, eso es marketing.

Escribir da miedo. Escribir debe dar miedo. Si no uno se siente moderadamente incómodo cada vez que se sienta frente al teclado, nada creativo puede salir de él. Y es que está en el centro mismo del concepto de creatividad: si quieres crear debes partir de aquello que no conoces, sea este el mismo género o uno diferente, eso no importa, pero es importante que no conozcas todas las reglas, que no conozcas todos los trucos si no quieres acabar escribiendo siempre el mismo libro.

Así que si estás en tu primer libro, o en el segundo o, como yo, en el tercero, y te asalta la duda del género —que antes o después llega—, no le deis muchas vueltas al asunto. La etiquetas nos las ponen los otros, nosotros no somos los encargados de saber en qué balda de la repisa encajará una vez que esté impreso. Nosotros contamos las historias, dejemos que los demás hagan el resto.

Con amor,

MF

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