Así que tú, como yo, comenzaste el año generando una lista enorme de objetivos a cumplir. Para todos aquellos que hayáis cumplido todos y cada uno de los propósitos en fecha, ya os aviso: esta entrada no es para vosotros. Para los perezosos, los rezagados y los que igual necesitan reajustar un poco la lista maldita: quedaos conmigo, que estamos más que a tiempo de ponerle remedio a todo y hacer de 2016 un año grande de objetivos cumplidos.

Recuerdo hace unos años, quizá unos quince, que las listas de objetivos no formaban parte de mi vida. No hace falta una lista para tener objetivos, ahí estamos todos de acuerdo, pero confieso que en mi caso formaban parte de la falta de confianza general que yo tenía en que conseguiría aquello que me propusiese.

Tras eso, quizá hace unos diez años ahora, hice mis primeros pinitos con los más clásicos: ir todos los días al gimnasio, perder cuarenta y nueve quilos. Ya os imagináis el fallo: ni me sobraban cuarenta y nueve quilos ni era realistas perderlos en un año. De lo del gimnasio, mejor ni hablamos. Las listas, por aquel entonces, no eran realistas, y por ende, estaban de antemano condenadas al fracaso más absoluto.

Las listas no eran realistas, y por ende, estaban de antemano condenadas al fracaso más absoluto.

La tendencia a la baja comenzó a cambiar hace cosa de cinco o quizá seis años. Los cambios iniciales fueron sutiles: objetivos más específicos, más anclados a propuestas realistas al principio. Hace tres, cambió todo: entendí entonces de verdad cómo funciona el tema de los objetivos.

No es que me haya convertido en una máquina: sigo siendo muy imperfecta. Mucho mucho. Pero créeme si te digo que, en los últimos años, mi productividad y mi capacidad para cumplir lo que me propongo ha dado un vuelco de ciento ochenta grados.

He tratado de resumirte lo que he aprendido en seis pasos, y espero que también a ti te resulten útiles:

Proponte solo objetivos realistas:

Si nunca has escrito una novela o sencillamente nunca has escrito mucho, plantear escribir mil palabras al día (esto es una meta muy común entre los que aspiramos a mejorar nuestra escritura) no es realista. O al menos, no inicialmente. Es realista aquello que está cerca de las habilidades que ya posees pero que no por ello carece de ambición.

Es realista aquello que está cerca de las habilidades que ya posees pero que no por ello carece de ambición.

Reformula tu objetivo si es que hace falta:

Pongamos que tu objetivo es ir al gimnasio.

Tu objetivo, en este caso es un medio y no un fin. El fin sería mejorar tu salud y forma física. Pero ya has intentado antes ir al gimnasio, y nunca ha funcionado. Si sabes de antemano que no quieres renunciar al café de las tardes con tus amigas, mejor reformula tu objetivo antes de condenarte al fracaso. Puedes, por ejemplo, comprarte unas zapatillas y volver del trabajo (si es que el trabajo no está a la vuelta de la esquina) andando, o incluso trotando. Busca la forma de cumplir el fin y prepárate para ser flexible con los medios.

Busca la forma de cumplir el fin y prepárate para ser flexible con los medios.

Divide tus objetivos por pasos:

Planifica, ponte deadlines, desgrana paso por paso y aumenta la intensidad del esfuerzo de manera gradual.

Automatiza:

Crea una rutina. Para empezar, prueba con anclar tu nuevo hábito a uno ya instaurado, de forma que empieces a practicarlos en bloque. El nuevo hábito se verá fortalecido, inevitablemente, por el viejo. Puede ser algo tan simple como esto: cada mañana, a las ocho en punto, tengo tradición de tomarme el primer café del día. A partir de ahora, incluiré media hora de escritura justo antes del café. En menos tiempo de lo que imaginas, los dos serán parte inseparable de tu rutina matinal.

Ejecuta:

¿Obvio, no? Pues no hay otra. Ahora va a sonar el despertador media hora antes cada mañana, porque te quieres levantar a escribir, o vas a ir andando al trabajo. La fuerza de voluntad es necesaria, y también la motivación, pero si haces bien los deberes solo la necesitarás en grandes dosis en las etapas iniciales. Asume que no hay trucos mágicos. Levantarte media hora antes te acerca a la persona en la que te quieres convertir.

Reajusta:

Al hablar de objetivos anuales, lo ideal sería revisar mes a mes. Revisar significa no solo ver qué estamos cumpliendo y qué no, también implica ver dónde se nos ha ido la mano: ser ambiciosos es fantástico, pero en ocasiones es sencillo perder los pies del suelo. Y recuerda tener cerca un plan de contingencias, porque te guste o no, vendrán las vacas flacas. A veces tendremos que limar aquí o allí, en ocasiones tendremos que ser capaces de directamente tachar ciertas cosas de la primera lista: puede que no fueran realistas o incluso que decidamos que este no es el mejor año para eso. Enfócate en lo que vas a poder conseguir y no pierdas energías en aquello que ya sabes que no vas a poner la suficiente.

Recuerda tener a mano un plan de contingencias, porque te guste o no, vendrán las vacas flacas.

Ahora ya no nos quedan excusas. Si alguno se nos había despistado en estos primeros dos meses del año, usemos la antesala de la primavera para hacer examen de conciencia. Ahora que aún estamos a tiempo de llegar este 2016 tan lejos como nos habíamos propuesto. Porque que nadie os engañe: aún estamos más que a tiempo.

Y tú, ¿vas cumpliendo tus objetivos de 2016? ¿Has descubierto algo en este post que ha encendido una bombilla? ¿Eres de los que se autosabotea? ¿Sientes que cada año mejoras en cuanto a tu consecución de objetivos? Estoy deseando oírlo.

Con amor,

MF

 

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