En la sociedad del «si quieres, puedes», el contexto en el que vive cada individuo acaba inmerecidamente relegado a un inevitable segundo plano. En el «tu actitud es lo que cuenta», en el campo de los coaches de cursillo de fin de semana, las frases pegadizas y los nazis de la felicidad forzosa, los problemas con los que cada una de nosotras acabamos en la vida se reducen a solo un plano: tu capacidad resolución y afrontamiento.