Tu primer año de 6 cifras
Un sistema probado para construir poder económico emprendiendo digitalmente tras la maternidad
«Quiero pasar más tiempo en casa».
«Quiero más flexibilidad, para poder estar más presente para mis hijos».
«Quiero dejar de sentir que se me va la vida cada vez que conduzco de camino al trabajo y los dejo al cuidado de otro».
«Quiero comprarme una casa».
«Quiero no tener que depender de nadie».
Estos son algunos de los muchos argumentos por los que millones de mujeres emprenden cada día, y bueno, bien.
El planteamiento es lícito. Es lógico.
Pero la realidad acaba siendo la siguiente:
Mujeres que trabajan setenta horas alrededor del cómodo horario de sus maridos con la excusa de la flexibilidad.
Mujeres que apenas llegan para pagarse la cuota de autónomos.
Mujeres que además de crear, emprender, tratar de sacar la cabeza a flote y sobrevivir necesitan crear contenido, crear productos, ofrecer servicios y acabar malvendiéndolo todo porque no llegan.
Y como el resto de las mujeres está mirando, esas otras piensan:
«Yo prefiero no emprender».
Y es normal, porque parece todo demasiado complicado.
Y entonces esas otras se quedan en sus trabajos mal pagados, dependiendo de jefes horribles con los que tienen que pelear cada vez que una de sus criaturas enferma y los tiene que llevar al médico.
En una vida que no se parece ni un poco a la que había querido, pero y qué si eligió hace ya más de veinte años, y por aquel entonces no sabía nada de la vida:
No sabía lo que sería ser madre, lo que sería necesitar de verdad dinero, lo que sería la complicación y la urgencia constante de la edad adulta.
No sabía lo que sería apuntar a su hija a esas clases de piano que tan bien le vendrían, lo mucho que en general valdrían todas las extraescolares, proveer para una familia.
Y si fue difícil decidir qué hacer con nuestras vidas a los dieciocho, más difícil es ahora:
La era de la IA, de los grandes cambios, de la vuelta más rampante a la más rancia de las misoginias.
Así que bueno, el planteamiento de querer emprender para estar cerca de las criaturas está bien:
Ese es el fondo de todo el movimiento mompreneur, que es fantástico porque además no molesta a nadie:
«Seguid con vuestros proyectitos para vuestros gastos, que ahora no solo hacéis TODO todo lo que hacíais antes, sino que además lo hacéis desde casa y pagando la mitad de los gastos».
Pues otra trampa.
Si las madres queremos posicionarnos con fuerza en el espacio del emprendimiento, tenemos que hacerlo desde otro lugar:
Nada de liderazgo femenino.
Nada de soft skills.
¿Por qué todo parece un anuncio de compresas?
¿Es que no puede una merecer montarse una vida digna, cómoda y financieramente ambiciosa?
Mi experiencia personal y acompañando a miles de mujeres me dice que sí.
Clase magistral
«Tu primer año de 6 cifras»
Para mujeres para quienes la maternidad ha sido un punto de inflexión y quieren redefinir su trabajo, su dinero y su forma de vivir
Acude a esta clase magistral para aprender…
- El motivo real por el que la mayoría de mujeres emprende sin generar dinero (y por qué no tiene que ver ni con talento ni con esfuerzo)
- El modelo exacto de negocio que yo uso para construir un negocio de seis cifras desde casa, sin volumen, gran audiencia ni estructuras imposibles, y que tú puedes copiar
- Qué decisión clave es la más importante de todas si quieres duplicar o triplicar tu facturación ESTE mismo año (sin esto, da igual lo mucho que trabajes porque todo va a seguir igual)
No necesitas más ideas:
Necesitas entender cómo funciona el dinero en un negocio digital

Yo también he estado ahí
Me licencié en psicología y después me formé como Coaching Psychologist en la Sociedad Británica de Psicólogos, una de las instituciones más prestigiosas del mundo.
Durante años dirigí proyectos internacionales en Londres. Trabajaba con mujeres en situaciones extremas, lideraba equipos, vivía lejos de mi Andalucía natal en un ático de una ciudad enorme y era feliz. De verdad lo era.
Era una carrera con la que ni me había atrevido a soñar y, sin embargo, cada vez tenía más claro que no quería seguir viviendo dentro de ese ritmo.
Me costaban las reuniones interminables, me saturaban los espacios llenos de personas y llevaba muy mal vivir siguiendo el calendario que alguien había decidido por mí.
Odiaba tener que pedir vacaciones, justificar a alguien mis propios ritmos, tener que entrar y salir a una hora del trabajo.
Volví a España con una idea muy clara: traer un coaching serio, con base científica y perspectiva feminista, lejos de la superficialidad y del misticismo vacío que habían inundado mi campo.
El negocio despegó desde el primer día, pero en estos siete años que tiene mi hijo mayor y que hace que yo misma emprendí, muchas cosas han cambiado.
Mis programas de psicoeducación se han llenado siempre, he tenido el privilegio de trabajar con mujeres de todo el mundo y facturar seis cifras al año desde el día uno con un modelo sencillo, honesto y escalable.
Y hoy, en solo treinta minutos, te enseño cómo.