Esta entrada también podría haberse llamado Cómo tomar decisiones para vivir en paz, porque bien visto hay pocas cosas que estresen más, que consuman más recursos mentales y emocionales que la rumiación, que el período de estancamiento previo a la toma de un camino u otro.

Una vez leí que tomamos una media de 2500 decisiones cada día, así que cualquiera diría que estamos bien entrenados, pero con eso y con todo, cuando llega la hora de tomar las importantes, dudamos. ¿Sabes tomar decisiones?

Tomar decisiones tiene mucho que ver con estar en paz con tu pasado, puesto que es solo asumiendo que son nuestras propias decisiones las que nos trajeron hasta aquí que aceptamos que en el fondo sabemos y siempre hemos sabido lo que necesitamos.

Puede que estemos contentas con nuestra vida en general o quizá disgustadas con ciertos aspectos, al fin y al cabo la realidad no es blanca o negra, pero debemos aceptar que más o menos siempre hemos sabido qué era eso que necesitábamos en cada momento. O quizá no. Pero es que incluso esas decisiones pasadas que nos recuerdan aquello de nuestra vida que nos gusta menos, nos traen información valiosa sobre lo que ahora queremos y lo que no queremos.

           La pasión nos ha traído hasta aquí

Tomar decisiones no tiene por qué ser difícil. Basta con aceptar que, hagamos lo que hagamos, nadie nos asegura que acertaremos. De hecho, el propio concepto de acertar en cuanto a las decisiones es en sí rebatible: la única manera de probar su certeza consistiría en poder ver de una vez las infinitas vías paralelas —muy Matrix esto— a las que nos habría llevado la puerta de una decisión concreta.

Tomar decisiones tiene mucho que ver con quién quieres ser y también con quién no vas a ser,  y en ocasiones puede ser difícil reconciliarse con esto. Elegir, nos guste o no, es en el fondo una renuncia, y es esa parte de renuncia la que normalmente nos hace quebrarnos los sesos. A nadie le molesta la parte de la ganancia que trae asegurada la elección, es la parte que perdemos la que nos hace dudar, la que nos hace reconsiderar si deberíamos elegir esto o aquello. Ya lo dijo Rosa Montero, al final del día hay que aceptar que todos llevamos nuestra posible perdición pegada a los talones.

«Todos llevamos nuestra posible perdición pegada a los talones» Rosa Montero.

La realidad es simple: vas a equivocarte muchas veces. Pero también vas a tener que confiar en tu capacidad para resolver los futuros líos en los que ocasionalmente te metas al tomar ciertas decisiones, porque si hay algo cierto es que es mejor equivocarse a no decidir nada nunca, a vivir paralizada por la propia inacción —la famosa parálisis por análisis—, cuando ya a estas alturas de blog tú y yo sabemos que la acción cura el miedo, y que además es lo único que lo cura.

Ante esa parálisis, recuerda que las consecuencias de no tomar acciones son parecidas a lo que Sylvia Plath contaba en su famosísimo libro La campana de cristal: al final morirás de hambre frente a una higuera repleta de higos, viéndolos caer al suelo, arrugarse y ennegrecerse ante la paralizadora perspectiva de no saber cuál elegir:

“I saw myself sitting in the crotch of this fig tree, starving to death, just because I couldn’t make up my mind which of the figs I would choose. I wanted each and every one of them, but choosing one meant losing all the rest, and, as I sat there, unable to decide, the figs began to wrinkle and go black, and, one by one, they plopped to the ground at my feet.”  Sylvia PlathThe Bell Jar

Dicho esto, aceptemos que ciertas decisiones son realmente importantes, que hay decisiones en la vida que importan y mucho, puesto que son al final las responsables de que nuestra vida tenga el aspecto que tiene y no otro.

De esta manera, y una  vez asumido que no hay decisiones perfectas y que no hay nada que podamos hacer para asegurarlo, es bueno recordar que al dejar de lado el blanco y el negro comenzamos a trabajar con las probabilidades. Esta flexibilidad psicológica abre la puerta a una aproximación mucho más realista a la toma de decisiones.


10 cosas que puedes tener en cuenta para incrementar las posibilidades de tomar una buena decisión:

Ojo que no he dicho acertar, sino incrementar posibilidades, y tampoco he usado la expresión decisión correcta, sino que he hablado de una buena decisión. Si partimos de esa base, podemos servirnos de estas diez ideas:

  1. Acepta que no puedes ver el futuro.
  2. Asume que cada elección implica una renuncia y haz las paces con esto.
  3. Genera diferentes soluciones a través del brainstorming.
  4. Ponte una fecha límite para evitar, en la medida de lo posible, la rumia y el estancamiento.
  5. Identifica ventajas y desventajas de cada alternativa; por clásico que esto sea, el sentido común te sigue indicando que es de aquí de donde debes partir.
  6. Identifica posibles obstáculos.
  7. Toma responsabilidad de las consecuencias.
  8. La regla del 10-10-10 de Suzy Welch: Piensa en cómo te hará sentir una determinada decisión en 10 minutos, 10 meses y en 10 años.
  9. Utiliza la visualización creativa para orientarte sobre el lugar al que quieres llegar.
  10. Busca la ayuda de un Psicólogo Coach (vale, bueno, sí; esto es un poco de autobombo, pero ya a estas alturas de blog me conocéis y pienso que sabéis que, si no funcionase, no lo incluiría en esta lista).

Y aquí, por hoy, acabamos.

Te deseo una vida llena de decisiones, de las que te muestran aquello que no querías. y de las que te acercan a ser quién quieres ser.

Con amor,

MF

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