Con toda probabilidad esta es la entrada número 289.465 que lees desde que comenzó el 2018 acerca de cómo conseguir todos los objetivos de año nuevo y convertirte mágicamente en la persona que quieres. Por eso, hoy vengo a contarte un método radicalmente distinto (pero que también es un poco mágico). Uno que seguro segurísimo no has leído antes y que —sí, eso mismo— te va a ayudar a alcanzar lo que te propongas.

Somos historias. Aquellas que hemos vivido en primera persona, las que hemos oído de terceras y las que hemos creado activamente en nuestra cabeza. También las historias de las que nos hemos nutrido: las películas, las series, los libros, los cuentos que con suerte alguien nos contó siendo muy niñas.

Por eso todas mis sesiones de Coaching comienzan con la misma pregunta:

«¿Cuál es tu historia?»

La historia que traéis a la sesión dice todo lo que necesitamos saber en este momento concreto. Lo que te preocupa ahora y cómo se relaciona eso con quién has sido y con quién quieres ser; cuál de las diferentes tramas de las que se ha construido tu vida se ha convertido en la dominante y qué implicaciones tiene eso para ti y para tus sueños.

Las historias que nos repetimos sobre nosotras mismas acaban por conformar nuestro autoconcepto, de ahí la importancia de nuestra narrativa: si una trama dominante crece y crece sin control, acabará sin remedio por empañar y empequeñecer el resto de las tramas que construyen el rico caleidoscopio que en el fondo debe ser tu vida.

Pongamos por ejemplo los problemas con las dietas, el peso, la alimentación y la imagen corporal (y de lo que en poco tenemos la culpa: cien mil mensajes al día recordándonos lo mal que lo estamos haciendo y lo estupendísimas que estaríamos si simplemente fuéramos capaces de dejar de comer, comprar cremas carísimas y simplemente dejar de envejecer tampoco ayudan). No es casualidad que haya escogido este tema: los problemas de imagen corporal suelen saturar los objetivos de año nuevo con metas poco realistas, punitivas y que solo consiguen hacernos sentir peor con nosotras mismas.

Y esta entrada iba de objetivos de año nuevo, y de cómo, como dice mi amiga Marina en su blog psicosupervivencia, «fin de año es como las rebajas: parece que la oportunidad de cambiar está barata, y que a ese precio es una pena que no te la lleves». Podemos cambiar en cualquier momento del año (de hecho, nunca dejamos de hacerlo), ¿pero no es estupenda la idea de aprovechar la inercia de esta energía colectiva?

Por mi parte y entre otras cosas, 15 días atrás comencé un reto de 30 días seguidos de yoga (¡Namasté!) y que puede que haga extensible a algo mucho más grande y loco (vente por mi instagram, que allí lo cuento siempre todo), y por eso de que en los últimos años de alguna manera he conseguido dominar el arte de plantear y tachar los objetivos de año nuevo con cierto gusto, hoy quiero contarte un método que puede darle un color diferente a los tuyos.

Ya hemos acordado que somos historias

Una de las técnicas más famosas de la terapia narrativa o de la narrativa aplicada al Coaching psicológico es lo que se llama la externalización del problema. Michael White, el padre de la terapia narrativa, dijo: «El problema es el problema; la persona no es el problema».

«El problema es el problema; la persona no es el problema»

Michael White

Esto quiere decir que la sobreidentificación con ciertos hábitos y ciertos patrones de conducta a lo único a lo que nos conduce es a dificultar el cambio. Para que nos entendamos: No es que tengas una personalidad adictiva, es que tienes ciertos hábitos adictivos que son susceptibles de modificación si lo tratamos como algo que no te pertenece a ti, algo separado a tu persona que no es intrínsecamente una parte de ti.

Con este fin en mente, lo que hoy te propongo es que hagas honor a lo que ya hemos acordado: somos historias. Es por eso que quiero que plantees las nuevas tramas de este año con técnicas similares a las que utilizarías para construir una novela, y como resulta que además de ser psicóloga, soy escritora, hoy voy a contarte cómo.

Construye tu nuevo año como una novela

Comienza por el título:

Esta técnica puedes usarla para todo. Ponle un título a tus problemas, a tus cacaos mentales, a tus retos (recuerda que no es una tontería: ya te expliqué cómo funciona la externalización). ¿Cómo quieres que se titule tu nuevo año? Sé creativa, cualquier título vale: ¡es tu propia historia!

¿Qué pone en la contraportada de tu propia novela?

Aquí debes hacer una pequeña descripción de aquello que quieres que trate este año que entra: cómo empieza y cómo acaba, cuáles son los puntos más interesantes, cuál es la idea fundamental de tu propia historia.

Sin conflicto no hay historia

Todo escritor —y todo lector— lo sabe: Sin conflicto no hay historia. Así que te pregunto: ¿Cuál es tu conflicto? Esta idea te va a ayudar a delimitar cuál es esa trama en tu vida que se ha hecho dominante y ha tomado el resto de tu historia. ¿Cuál es el conflicto de tu historia? ¿Qué te hace sufrir? ¿Qué te haría sentir más cerca de ti misma, más cercana a tu verdad, a quien quieres ser?

Las subtramas de tu historia

Las subtramas de tu historia te van a ayudar a «engordar las excepciones». La idea aquí es que busques más tramas en tu vida que pueden haber pasado desapercibidas por culpa de un conflicto demasiado dominante. Por ejemplo, puede que recuerdes lo mucho que te gusta ir con tu amiga los jueves a tomar un café, pero que dejaste de hacer por una supuesta falta de tiempo, o aquellas clases de italiano que te hacían tan feliz los domingos por la mañana. Ponle luz aquí al caleidoscopio que es en realidad tu vida. Una vez identificadas las subtramas que te gustaría que tuvieran más peso en tu nueva historia, acércalas al centro de tu historia para que puedan estar más presentes y servir de alternativa a tu conflicto.

Lo spoken y lo unspoken

Virginia Woolf dijo algo —dijo tanto— que tengo siempre presente: «Lo que importa es precisamente esto: lo no dicho al filo de lo dicho».

“What matters is precisely this: the unspoken at the edge of the spoken”

V. Woolf

En tu historia es tan importante lo que cuentas como lo que no cuentas. Haz un buen ejercicio de reflexión para pensar qué partes estás escondiendo entre líneas, qué es eso que no estás enfrentando a la hora de planificar tu año. Qué hilo de los que se ven entre las páginas, de atrevernos a tirar de él, abriría la caja de pandora.

La protagonista debe de haber sufrido algún cambio:

Lo que de verdad importa no es aquello que consigas, sino en quién te convierte esa trama que has trabajado, ese nuevo hábito que has cultivado con curiosidad, apertura y amor por ti misma. ¿Quién quieres ser cuando acabe el año? ¿Qué cambio vas a sufrir este año? No es lo que consigues, es en quién te convierte. Delimita ese cambio al escribirlo y ponle palabras a lo que quieres conseguir.

¿Quiénes son los protagonistas principales de tu historia?

Aquellas personas que quieres que formen parte de tu historia en mayor o en menor medida que años anteriores deben estar reflejadas en el plan del texto. Esa amiga que siempre dices que vas a llamar y que quizá ahora gana más peso, aquella compañera que es una pesadilla y que quizá es momento de sacar de alguna de las subtramas de tu nuevo año.

¿Cuáles son los obstáculos a salvar?

Para resolver los conflictos, nuestro protagonista va a tener que salvar una serie de obstáculos con los que se va a ir encontrando por el camino. Algunos, y ya es posible anticiparlo, aparecerán por sorpresa y nos pillarán manga por hombro. Otros, sin embargo, ya sabemos qué estarán ahí: la pereza de las mañanas de invierno, el limbo incierto al que siempre nos arrastra marzo, la imposibilidad de seguir con los ritmos en según qué momentos de nuestro propio ciclo. Si conoces cuáles son la mayoría de los obstáculos, sabrás cómo prepararte para ellos.

Haz uso de tu escaleta

Un buen escritor sabe de la importancia de una buena escaleta. La escaleta, para aquellos que no pertenezcáis al mundo de la escritura, no es más que una lista de las escenas que componen un libro. Tus escenas de 2018 son primero 12 meses, que además puedes dividir en 52 semanas, y a su vez en 365 días. Detalla qué va a ocurrir en cada momento del año y planifica todo lo que se puede planificar. No caigas en el error de pensar que todo es incontrolable, porque no lo es. Tampoco caigas en la falacia de que la vida sale justo como una la diseña, porque desgraciadamente tampoco esto suele ser cierto.

Prepara lo que puedas, planifica y asegúrate de tener en cuenta los obstáculos. Y de nuevo: No pienses solo en lo que quieres conseguir: piensa en quién quieres ser y en cómo redibujas tu nueva forma con cada una de tus decisiones.

Rellena las páginas de tu libro: Identifica el HUECO

La idea aquí es que construyas desde el futuro (esta es quizá mi nueva idea más favorita de todos los tiempos): Una vez que tu personaje ha salvado los obstáculos de 2018, ¿quién es?, ¿cómo se comporta?, ¿qué cosas hace diferentes a las que hace ahora?, ¿de qué cualidades dispone de las que antes no disponía? Esto te va a dar una pista de cuál es el hueco (lo que los ingleses llaman el gap): el hueco es el espacio que queda entre tu yo presente y tu yo ideal.


En fin, espero que te haya servido. Dedícale tiempo, cuéntame aquí abajo cuáles son tus objetivos este año y cómo vas a hacer para asegurarte de que puedes cumplirlos en tiempo.

Como sé que te va a gustar mucho este método (qué puedo decir, ¡lo sé!) y que estarás deseando ponerlo en práctica, te he preparado un descargable para hacerte la vida más fácil y que puedas organizarte un poco mejor.

 

Y con esto, acabamos por hoy. Te deseo un año lleno de aventuras, de altos y de algunos bajos, de enseñanzas y de moralejas y de momentos de absoluto descanso. Te deseo un año con potencial transformador, un año como uno de esos libros que no puedes dejar de leer un momento: una historia llena de pasión, de sueños, de risas y de algunas lágrimas, por qué no.

Un año de crecimiento plagado de emociones.

Namasté, yoguinis.

Con amor, 

MF